Si ya resulta complicado que los órganos supervisores y de control estén suficientemente dotados de medios materiales y humanos para hacer frente a sus funciones de prevención y lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, los problemas y retos se multiplican cuando hablamos de pequeñas economías insulares en desarrollo.

Y es que la creación y puesta en marcha de este tipo de órganos lleva parejo un grado de compromiso financiero que para estas jurisdicciones muy pequeñas y en desarrollo es proporcionalmente mucho más oneroso que para otras economías. El funcionamiento de una unidad de inteligencia financiera básica implica ciertos costes de personal, capacitación, equipos y seguridad de las instalaciones que, en proporción, son más altos en estas zonas.

En este contexto, algunas de ellas localizadas, por ejemplo, en el Caribe o el Pacífico Sur, se enfrentan a enormes obstáculos, situación que se aprovecha, además, por quienes fomentan que estas jurisdicciones sean verdaderos territorios offshore.

En términos de población, estas economías tienen un tamaño similar al de una ciudad pequeña y sus ingresos per cápita son muy escasos. La primera dificultad que deben afrontar es encontrar personal cualificado ya que es poco probable que en el mercado local se puedan encontrar profesionales especializados en investigaciones financieras, contabilidad pública y otras tareas AML/LFT, y quizá no sea fácil contratar profesionales de otros lugares.

En segundo lugar, si se tiene en cuenta que, por lo general, el sistema bancario tradicional no cubre a gran parte de la población en estas jurisdicciones por el alto coste de operación en relación con el número de clientes, los supervisores tienen que centrar su atención en la banca informal y las redes de transferencia de fondos, con el problema adicional de la falta de documentación para la identificación y el incremento de costes.

A esto hay que sumarle que a estas jurisdicciones no siempre les resulta fácil obtener inteligencia e información financiera de otros órganos homólogos si tenemos en cuenta tres factores:

  • No suelen ser muy conocidos fuera de sus regiones
  • En algunos casos, no gozan de una buena imagen reputacional debido al uso de su sistema financiero por parte de grupos organizados
  • Al no formar parte de estructuras de control internacionales, preocupa su posible falta de salvaguardas para proteger el carácter confidencial de la información en su poder

Una posible solución a estos problemas pasaría por la creación de una organización regional que apoyase a los supervisores o Unidades de Inteligencia Financiera nacionales de la zona.